Emociones que pesan y aprisionan

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Emociones que pesan y aprisionan

Las emociones que pesan

Mujer con bola y grillete

El post de esta semana es un hecho real que sucedió el pasado viernes, 16 de de mayo de 2014. La acción se desarrolla fundamentalmente en las inmediaciones del “Peine de los vientos”, en las de la estación de autobuses de Donostia-San Sebastián y continúa por el metro de Bilbao hasta la plaza de Unamuno en el Casco Viejo.

Coaching Factory tenía una reunión de estrategia de futuro con una de sus alianzas estratégicas. Una de sus socias nos enseñó un grillete del que pendía una cadena que acababa en una bola, (del tipo de las que arrastran los fantasmas y las almas en pena en las antiguas películas de terror), que había comprado en la sección de disfraces y artículos de broma de un supermercado. Su intención era utilizarla en las sesiones de coaching como metáfora tangible, de aquellas emociones, creencias y sensaciones que nos impiden avanzar en la vida.

Medio en serio, medio en broma, nos preguntamos qué pasaría si en vez de metafóricamente, alguna de nosotras se pusiera la bola y el grillete en vivo y en directo y comenzara a caminar de esa guisa por los escenarios arriba indicados.

Acabé calzándome el atrezzo e inicié un paseo “sui generis” a lo largo de la Concha, prestando especial atención a lo que sucedía en mi interior, mientras tomamos nota mental de las diferentes reacciones que la puesta en escena iba generando en los viandantes.

 A continuación os exponemos las conclusiones a las que llegamos.

Reflexiones, impresiones y conclusiones 

 Al caminar con la cadena y la bola…

La forma de avanzar es más costosa e incómoda. El movimiento de la bola golpea la espinilla, los tobillos y hasta el gesto más sencillo, como puede ser el subirse a una acera, comienza a complicarse.
Se pierde naturalidad a la hora de transitar por la vida. El caminar se vuelve forzado y a nivel físico, muy molesto.
– Tus pasos se vuelven cortos, vas más lentamente que el resto. En ocasiones ralentizas el paso de los demás y puedes dañarles si se tropiezan contigo o les golpea tu bola. Para evitar esto, procuras mantener distancia con los demás y corres el riesgo de quedarte atrás y aislarte, con lo que tu bola se vuelve aún más pesada.
– Cuando la carga y la molestia es insoportablemente pesada, puedes optar entre añadirle más leña al fuego y fustigarte por ir como una tortuga, o aceptar lo que está sucediéndote, que temporalmente no puedes exigirte lo mismo y replanificar tus tiempos para adaptarte a la situación mientras intentas trazar un plan de acción para aligerar tu carga.
– Al ver el mundo a otro ritmo y desde otro punto de vista, puedes aprovechar para extraer nuevos aprendizajes que te permitirán ayudar en el futuro a otros que se encuentren en una situación similar.
– Intentas reírte y llevarlo de la mejor manera posible, pero el peso está ahí. Tiendes a dar explicaciones y justificaciones de lo que estás haciendo que a veces no se corresponden con la realidad.
Cuando eres capaz de abrirte a los demás y contar exactamente qué te está pasando y por qué estás haciendo lo que estás haciendo, generas empatía, comprensión y compañeros de viaje que te ayudan a relativizar tu carga.

Aspectos observados en los viandantes

– Cuando algo no habitual se cruza en el camino de los adultos, miran de soslayo, aligeran el paso y comentan la jugada en voz baja con sus acompañantes.
Los niños son mucho más espontáneos. Su mirada va directa al objeto que ha despertado su curiosidad y los hay que preguntan a su adulto de referencia las dudas que tienen, obteniendo por respuesta un “niño mira para adelante” y un tironcito de brazo lo más discreto posible.
Si algún adulto se atreve a intervenir, en la mayoría de los casos es porque se ha hecho una idea socialmente divertida de lo que está sucediendo. Por ejemplo, hubo una pareja de mediana edad que dio por hecho que se trataba de una despedida de soltera e hicieron un par de comentarios graciosos.
Las personas guardan distancia de seguridad. Tienen miedo de tropezarse o golpearse y en cuanto pueden la adelantan y siguen su camino sin mirar atrás.

Se acercaba la hora de regresar a Bilbao, y mientras esperábamos a que partiera nuestro autobús, nos sentamos en un murete al sol junto a un grupo de cinco hombres que charlaban tranquilamente.

De repente, uno de ellos se acerca amablemente y por primera vez en toda la mañana alguien nos pregunta por qué llevo colgando del tobillo un grillete, una cadena y una bola. Cuando le explicamos a qué se debe (un recordatorio de que hay que procurar caminar ligeros y lleno de sensaciones, creencias y emociones que te eleven y que no te anclen), se emociona, y, con toda confianza nos comenta que en ocasiones a la carga individual de cada uno, se añade la carga colectiva de un pueblo. En su caso, él sabía mucho de eso. Era saharaui al igual que los otros cuatro caballeros que le acompañaban y que ya habían comenzado tímidamente a aproximarse y a rodearnos.

La conversación concluyó en un tono muy risueño porque tuvieron la confianza de contarnos qué películas mentales se habían formado en sus cabezas al observarme caminando encadenada. Uno pensó que era ciega y que dentro de la bola había un dispositivo que le ayudaba a orientarse. Otro pensó que era un aparato para asegurarse de que se cumplía una orden de alejamiento porque quizá tenía problemas con su pareja…

 Y así, con la sonrisa puesta nos encaminamos hacia el autobús.

Todos/as llevamos cargas. Todos/as tenemos la fuerza interior para aligerarlas y seguir avanzando. La carga puede simbolizarse en un grillete con cadena y bola o en una mochila muy pesada.

Esta última metáfora es la que utiliza Elsa Punset en su libro “Una mochila para el universo”. En él nos ofrece un ejercicio para aligerar la mochila que reproducimos a continuación.

“Imagina que tienes una mochila (como el cerebro no distingue bien entre realidad y ficción, no hace falta tener mochila, puedes imaginarla). Dale el color, el tamaño y la forma que prefieras.

Piensa en la experiencia, las palabras, la decepción o las pérdidas que te están pesando. Puedes elegir un objeto para simbolizarlas. Por ejemplo, si has roto con tu novia y ella solía llevar guantes rojos, puedes pensar en unos guantes rojos para simbolizarla.

¿Qué he aprendido de esta experiencia? Sabemos por multitud de estudios que aprender una lección de cada experiencia es uno de los elementos que más ayuda a superar la tristeza. ¿Eres más sabio, más compasivo, comprendes mejor lo que necesitas, tienes alguna prioridad más clara de cara al futuro, has aprendido a perdonar, has crecido o mejorado de alguna manera? Si necesitas ayuda profesional para lograr este aprendizaje, intenta conseguirla.

Meto mi experiencia en la mochila y se la devuelvo al universo. Metemos el objeto que simboliza nuestra experiencia en nuestra mochila imaginaria y se la devolvemos al universo. Con esto estamos dando una orden sencilla y gráfica al cerebro: he aprendido

Si has aprendido y has aprobado la asignatura, el Universo te planteará otras diferentes para que tu plan de estudios en esta existencia sea variado y te enriquezca como persona.

¿Y tú?

¿Qué tienes metido dentro de tu bola o tu mochila que te impide avanzar?

¿Cómo podrías caminar más ligero/a?

¿Qué puedes empezar a hacer hoy mismo para conseguirlo?

No estás solo/a en esta aventura. Si tú quieres, nosotras, en Coaching Factory, te acompañamos.

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Desde el co-razón de Bilbao

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Por | 2014-05-22T13:39:08+00:00 22 mayo, 2014|Inteligencia emocional|6 Comentarios

6 Comentarios

  1. Oskar 22 mayo, 2014 en 15:32

    Igual que la película de George Clooney, en la que aparecía dando charlas en las que aparecía con una mochila y proponía a la gente que la llenasen con, la familia, la hipoteca, etc… Comentando después el peso que supone llevar eso, todos los días.
    El problema viene cuando no identificamos bien cual es la verdadera carga que nos frena al andar. Nos puede pasar que nos desprendamos de la carga equivocada. Hay que tener cuidado al desprenderse de algo de nuestra vida ya que eso que erróneamente identificamos como carga, podía habernos hecho felices en un futuro.
    También es bueno vivir sin la perfección total, en el trabajo, en las relaciones,…….. no vaya a ser que perdamos algo que realmente merece la pena.
    Antes de identificar algo como carga, demos oportunidades para demostrar que realmente son eso, cargas.
    Seguirá…….. que ahora me tengo que irrrr….

  2. Héctor 22 mayo, 2014 en 15:50

    Me ha encantado la aventura-experiencia que nos contais, me he reído imaginandoos con la pesada carga caminando por Donosti, y imaginando las miradas disimuladas de la gente que no sabe cómo reaccionar … Me ha gustado, sí señor y además me ha recordado a un libro que le estoy leyendo a mi niña estos últimos días «el Caballero de la armadura oxidada» y sí, suelen ser muchas las cargas que vamos acumulando y que no nos dejan ser como realmente querríamos ser. Yo sólo aportaría que la vida es breve y que hay que disfrutar de cada minuto y decir a los que tenemos cerca lo que realmente sentimos. Aquí y ahora Carpe Diem (beatus ille!) 😉

  3. admin 22 mayo, 2014 en 17:31

    Sabia reflexión, Hector. Tu hija, con esa clase de lecturas, desde jovencita es afortunada. Porque está demostrado que la clave del éxito, desde su más profunda acepción, está en el Coeficiente Emocional, en la inteligencia que empleamos en la gestión emocional.
    Si quieres probar la experiencia, te dejamos la bola para que hagas una prueba 😉

  4. admin 22 mayo, 2014 en 17:43

    Querido Oscar, gracias por tu comentario.
    Parece desprenderse del mismo, que en tu caso, te da miedo desprenderte de las cargas.
    Comparto este recelo. Es lo mismo que me pasa con mi armario. Me da pena deshacerme de ropa que hace años que no uso. Y si me hiciera falta? Y si alguna vez me acuerdo de ella y ya no la tengo? La capacidad de tu armario determinará la necesidad de desprenderse de algo o no. Si tienes una gran capacidad de almacenamiento, felicidades! No tienes que tomar ninguna decisión. Puedes mantener lo antiguo y adquirir novedades.
    El problema se produce cuando por el tamaño de tu armario, lo viejo impide nuevas incorporaciones y cierra el paso a nuevas oportunidades. Es entonces cuando habría que reflexionar sobre la conveniencia de deshacerse de lo viejo para dar la bienvenida a la nueva temporada «primavera-verano» 😉

  5. oskar 22 mayo, 2014 en 20:18

    Como ya se acerca el verano y como el espacio en el armario es el que es, he decidido quitar algunas cosas y poner solo las que verdaderamente me importan. Nunca es tarde para renovar el armario. Renovarse o morir!

  6. admin 23 mayo, 2014 en 15:51

    O como decía un buen amigo, a veces, sólo es cuestión de redistribuir bien la carga 😉 Optimización de espacios 😉

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