Receta del chef para cocinar un buen pastel de optimismo.

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Receta del chef para cocinar un buen pastel de optimismo.

Pastel de optimismo   Esta semana queremos daros una receta llena de mentalidad positiva. Ingredientes:

  • Un detector de las tres “P” y unas tenacillas para extirparlas porque saben amargas.
  • Un potenciador de las tres “C” porque le dan un toque extra-sabroso a la vida.
  • Una escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.
  • Un relajante natural para que no te de guerra tu sistema límbico profundo.
  • Creatividad y ganas de pasarlo bien.

¿Comenzamos?

El detector de las tres “P” y las tenacillas.

Algunas personas “terribilizan” más que otras. Las que fantasean con resultados satisfactorios, es más probable que sean optimistas. Las que tienen tendencia ponerse en lo peor, son pesimistas.

Portada de Aprenda optimismo

Portada de la edición en castellano de «Aprenda Optimismo»

Existe un tercer grupo de personas (entre las que me incluyo), a las que se denomina en neurociencia “pesimistas rehabilitadas”. Son personas de tendencia pesimista que se han hartado, y apuestan cada día por practicar el positivismo activo y consciente. El doctor Martin Seligman habla de ellas en su libro “Aprenda Optimismo”.

Los/as pesimistas rehabilitados/as, tenemos que llevar con nosotros un detector de las tres “P” y unas tenacillas, para mantenernos en la brecha del optimismo cueste lo que cueste.

Un detector de las tres “P”, te avisa con un pitido chirriante cada vez que te estás tomando algo de manera Personal (como una amenaza de la que te tienes que defender), Penetrante (en el sentido de que lo invade todo) y Permanente (constantemente). Es el momento de agarrar firmemente las tenacillas.

El potenciador de las tres “C”.

En cuanto escuches el primer pitido chirriante, extirpa con las tenacillas el pensamiento Perturbador y conecta  tu potenciador de las tres “C”.  Este aparato, te hará cambiar el chip y transformará la amenaza en Cooperación, la sensación de indefensión en fuerza y Confianza y el auto-fustigamiento en Compromiso.

La escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.

En aquellas ocasiones en las que no puedas cambiar una situación, recuerda que siempre puedes cambiar tu marco de referencia mental, esto es, la forma o perspectiva en que tu  mente la interpreta.  Es algo parecido a lo que os conté en el post “A vueltas con el síndrome post-vacacional”, en relación a aquella excursión a la cala desierta. Y es que, ver las cosas desde una perspectiva diferente y más flexible, ayuda a sacar a flote tus tres “C”.

 Un relajante natural para que no te de guerra  tu sistema límbico profundo.

El sistema límbico profundo es una estructura del tamaño de una nuez. Está enterrado en el centro de tu cerebro y, entre otras funciones, se encarga del modo en que interpretamos el mundo que nos rodea. Si el sistema límbico está hiperactivo, (o sea, de los nervios), nos ponemos las gafas oscuras para ver la realidad. Aparece la desmotivación y el agotamiento físico/mental, a la vez que desaparece la fuerza de voluntad y la ilusión.

Por el contrario, si está tranquilo, aparecen las gafas de color rosa. Te sientes enérgico/a, brillante y te encanta estar en acción.

¿Cómo se calma un sistema límbico? Inundándolo de serotonina, que es la hormona de la felicidad. ¿De dónde puedes extraer serotonina?, de aquellas recomendaciones que te daba tu abuela y de las que te proporciona tu propio sentido común. Come bien, descansa, acércate y charla un rato con las personas de tu entorno, aprovecha para dar paseos por la naturaleza, haz lo que te haga sentir en paz y relajado/a, practica deporte…

Y sobre todo, recuerda:

Cuanto más irracionalmente ocupado/a estas y menos sentido común aplicas a las cosas básicas (comer, dormir, comunicarte, hacer ejercicio…), más guerra te va a dar tu sistema límbico.

Creatividad y ganas de pasarlo bien en esta vida.

Cuando éramos pequeños/as, divertirnos y vivir el momento era fácil. Sonreíamos y nos reíamos mucho. La alegría estaba presente en todo. La creatividad fluía de manera natural y no nos preocupaban las normas y convenciones sociales.

De repente, un día eres una persona adulta, tienes responsabilidades y empiezas a pensar: “cuando acabe con todas mis obligaciones, entonces quizá pueda divertirme” y, resulta que cuando las terminas, es hora de irte a dormir, estás demasiado cansado/a o medio muerto/a.

Este planteamiento es un coladero para que el pesimismo se pose en tu vida, así que anda con cuidado y mantente vigilante.

Parece que se nos olvida que la vida es un regalo con fecha de caducidad y que hay un tiempo para cada cosa. A esta pesimista rehabilitada, le gustaría que en su lápida apareciera reflejada su filosofía de aprovechamiento vital y pusiera algo así:

“Sonreía siempre, amó mucho, era creativa, transgresora y chispeante, solidaria, una amiga en la que podías confiar y a la que recurrir a pesar de que nunca recordara las fechas de los cumpleaños ni devolviera todas las llamadas”.

Y a ti, ¿cómo te gustaría que te recordaran?.

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